Liderazgo

Un país autogestionado

Uno de los conceptos más interesantes que ha traído Agile es la autogestión. Scrum y Kanban hoy en día promueven que el equipo trabaje de manera autogestionada dejándole bastante libertad a la toma de decisión. 

En torno al 2016 empecé a descubrir el concepto de la autogestión y cómo se estaba aplicando. Además de los equipos de desarrollo software, estaba empezando a conocer empresas que aplican la autogestión de manera interna incluso decidiendo su propio salario o con qué clientes trabajar. La autogestión tiene muchos niveles por encima de los equipos. 

Sin embargo, un día me encontraba almorzando con una amiga que me preguntó si la autogestión se podría aplicar a nivel de un país. Su argumento era: “si esto de la autogestión es tan importante, ¿qué hay más importantes que la gestión de un país?”, analizamos las dificultades de la autogestión a nivel de país. 

La importancia de la autogestión 

El concepto de autogestión gana sentido al enfrentarnos a problemas complejos, necesitamos maneras distintas de tomar decisiones. En entornos simples o complicados donde tenemos un cierto orden es más importante que los managers o las personas que dirigen tengan altos conocimientos y jueguen con los diferentes “recursos” para maximizar el valor entregado. Muchas veces, estos recursos no están muy cualificados precisamente porque no tienen que entender bien cómo funciona el proceso completo. Es verdad que empresas como Toyota reinventaron este concepto y sí que formaron altamente su equipo pero precisamente ahí es cuando nace la autogestión. 

Es por ello que, la autogestión, gana sentido cuando nos enfrentamos a un problema que no tiene solución aparente. Cuando ya no podemos planificar en detalle y lo único que podemos hacer es inspeccionar y adaptar buscando la mejor opción posible, la autogestión gana enteros. El motivo es sencillo, en entornos complejos el equipo tiene que ser capaz de resolver el problema, lo que llamamos equipo multifuncional y además si la toma de decisión la tiene el equipo aceleramos la rapidez de entrega y de aprendizaje lo que redunda en la capacidad del equipo de resolver el problema con el que esté trabajando. Uno de los motivos es que en entornos complejos suele haber multi solución y por ello tenemos que trabajar para obtener la mejor posible según nuestro contexto. Un ejemplo muy sencillo fue la covid19 enfermedad cuya solución era compleja y de hecho a día de hoy contiene varias vacunas diferentes que pueden solucionarla. 

Más allá de la autogestión 

Pero la autogestión no sólo se queda a nivel de equipo y de tomas de decisiones técnicas. Hay empresas que han llevado este concepto mucho más lejos dejando que los propios equipos se auto-compongan, decidan su salario o incluso como gestionar a los clientes. 

Estos niveles de autogestión organizativa tienen los mismos beneficios que los de equipo ya que reducen la burocracia y aceleran los tiempos. Además, las empresas que practican la autogestión ven que sus propios empleados conectan mejor con la organización porque participan de las decisiones importantes. Una persona se siente más conectado a una empresa cuando puede cambiar el rumbo de la misma. 

Autogestión a nivel de páis

Cuando hablamos de países podemos pensar que el gran problema es el tamaño. Este argumento nos valdría también para las empresas. De hecho, es bastante habitual que muchas organizaciones rechacen la autogestión organizativa pensando en que son grandes y que no van a poder. Sin embargo, el problema no es el tamaño sino uno más relevante: el propósito. 

Voy a detenerme en este punto para hablar de los últimos años de España y de cómo la polarización actual impediría una potencial autogestión. Tenemos que tener cuidado porque la autogestión sí que tiene tintes políticos ya que en una parte de la izquierda o ultra izquierda la llevan defendiendo desde hace muchos años. La autogestión se asimila mucho a la anarquía, la búsqueda de que los propios pueblos sean capaces de organizarse para sobrevivir. Pero hablamos de una autogestión que haya funcionado y que pueda servir a un país. 

El problema de España es que existen muchas discusiones actuales y muchas polarización porque las personas que componen el país tienen propósitos distintos y visiones distintas de lo que sería una España perfecta. Pongo algunos ejemplos 

  • Hay personas que quieren una España federal dividida en pequeños estados que sean independientes 
  • Otras personas defienden un centralismo donde todos se gestionen un único punto para garantizar la igualdad 
  • Otras personas defienden valores más tradicionales que se defienda al español y que se pongan más trabas a la entrada de personas extranjeras para mantener la cultura 
  • Otras personas sí que aceptan la entrada de extranjero y lo ven como una oportunidad cultural para mejorar a un país 

Si nos fijamos, todas las personas tienen una España ideal en la cabeza por lo que todas pueden tener razón. De aquí nacen las discusiones. Si un determinado Gobierno impulsa una ley que favorece tu visión de la España perfecta estarás de acuerdo y te gustará mientras que la verás como una aberración si va en contra de tu ideal español. 

La autogestión requiere de propósito

La autogestión necesita de un elemento clave que muy pocas veces se trabaja: El propósito. 

Un equipo necesita un para qué, un motivo para ser un equipo más allá del que mi jefe me ha colocado aquí y de que hay que trabajar todos los días. Necesitamos un verdadero motivo que nos impulse a colaborar. Incluso ese motivo puede ser un motivo económico pero desde luego debe existir una conexión en todas las personas del equipo que nos una a favor de lo del problema que queremos resolver. 

Cuenta la leyenda que trabajar con Steve Jobs era muy duro. Jobs no gastaba tiempo en halagos y continuamente era muy crítico. Sin embargo, todos los que pertenecían a su equipo se sentían orgullosos de estar en un sitio revolucionando el mundo del software. 

Es por ello que los países no se pueden autogestionar por la falta de propósito, esa falta de unidad base que impide que exista la autogestión. Porque si intentas autogestionar a personas con propósitos distintos lo único que conseguirás será una discusión constante. Dado que en un país no puedes irte o desaparecer como si podrías hacer en un equipo más fácilmente la autogestión a día de hoy en los países se ve alta compleja. De hecho, sí que existen ciertos conatos de unión cuando hay un motivo común como ocurrió en el nacimiento de la Unión Europea y otros momentos que hemos podido ver a lo largo de la historia. 

Por tanto, si queremos que un equipo resuelva problemas complejos y entrega valor necesitamos trabajar el para qué. Si no tenemos un buen motivo más allá de ganar dinero y de que la empresa consiga beneficios nos daremos cuenta de que estamos rodeados de mercenarios (en el sentido positivo de la palabra). Las personas que solo trabajan por dinero podrán hacerlo muy bien, pero nunca darán un pasito más que necesita la autogestión para ser efectiva. 

Y tú ¿aplicarías autogestión sin propósito?

Deja un comentario