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Reseña: The Agile Samurai by J. Rasmusson

Bajemos a la arena… Después de contaros un poco de historia de porqué estoy aquí, quería empezar escribiendo una review a un libro que para mi es uno de los básicos para iniciarse en esto del Agilismo. Es “The Agile Samurai” de Jonathan Rasmusson.

No quiero que sea una revisión detallada y no me gustaría desvelaros ningún secreto escondido. Sólo os diré que es un libro que toca muchos palos (desde Inception hasta Testing pasando por Refinamiento de producto), que es sencillo de leer (tiene un inglés bastante accesible) y que aporta detalles tanto para el que lleva un tiempo trabajando con Agile como aquel que está comenzando. Me centraré en mi experiencia de aprendizaje.

The Agile Samurai me enseñó que la felicidad está en las expectativas bajas. Que no hace falta prometer el oro y el moro como equipo, que es mejor ser realista, sincero, transparente y los propios resultados harán su labor.

Me habló de que si un equipo tiene un problema con ser responsable, le hagas enseñar y vender su producto de primera mano. Uno se siente realmente involucrado cuando no tiene salvavidas.

Este libro me acercó a grandes mentiras del desarrollo del software:

  • Los agilistas no queremos alargar los desarrollos. Al contrario, cuanto antes mejor. No queremos retrasar el momento de realizar la subida a Producción aunque no dejamos de lado la calidad: no vale hacer un desarrollo rápido (la famosa ñapa) para salir del paso. Cada vez que hemos actuado así, hemos sido corresponsables de una de las mentiras de nuestro sector: hacer malos desarrollos para luego mantenerlos.
  • Nunca vas a saber cuando va a acabar tu producto. Nunca serán estables ni conocerás los requisitos al completo y siempre querrás hacer más. Con esta afirmación, se cae otra de las grandes mentiras originadas por el triangulo (imposible) de hierro: nunca acabarás un producto de calidad en un tiempo, coste y alcance fijado.
  • Recopilar historias de usuario e intentar realizar análisis temprano de éstas, es uno de los mayores desperdicios, y otra afirmación inútil con la que muchas compañías se han aprovechado (y fracasado) durante años.

Me convenció de que los coches de Formula 1 sólo llevan la gasolina que necesitan hasta el repostaje. Así que ponlos a correr. Y que la mejor manera para no añadir peso innecesario a nuestro “Formula” es ir refinando a medida que lo necesitemos. Y que refinar es un proceso iterativo, en el que hay que dar y pulir cera, y dar y pulir cera…

Me hizo reflexionar sobre estimaciones invitándome a realizar una prueba de concepto (POC) si tengo que dar un tamaño a algo que no he hecho jamás, pues la estimación es más precisa en base a la experiencia y si no la tengo, ¿cómo voy a ser capaz de hacerlo bien?

Me ayudó a lidiar con usuarios y saber decirles que si quieren algo nuevo, saquen algo de la pila del producto o que si queremos llegar antes en fecha, hay que priorizar adecuadamente.

Y sobretodo, me recordó, una y otra vez que “nadie dijo que ser un samurai fuera fácil“.

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