Métricas, Producto

Tu producto va a ir a la basura… ¡y lo sabes!

Hace unos años, trabajando para Paradigma Digital, tuve una conversación interesante con la responsable de un gran banco. Estábamos dando una formación introductoria sobre Agile y Scrum y, como siempre, apareció el debate sobre las fechas y las entregas. Tras un rato de debate, ocurrió lo siguiente: 

  • Sí,tienes razón, muchas veces hacemos proyectos que el proveedor de turno nos dice que tardará tres meses, después es un año y, al final, nadie lo utiliza.
  • ¿Y eso te parece bien?
  • ¡No! 
  • Pues empecemos a cambiarlo…

Analizamos este tipo de situaciones y cómo evitarlas, o seguiremos haciendo productos que no quiera nadie o, peor aún, que no aporten ningún valor. 

¿Fecha sí o fecha no?

El debate sobre las fechas y Agile es muy antiguo. Desde la era industrial, hemos tratado de ser predecibles para poder organizarnos. La gestión del tiempo es vital. Además, la “falsa” sensación de compromiso cuando cumplimos con el tiempo que habíamos predicho (aunque hayamos construído con muy baja calidad para poder alcanzar la fecha prometida) nos ha creado un mundo donde la fecha es el fin. 

Sinceramente, en Agile no hablamos de fechas, nuestro objetivo no es cumplirlas y, desde luego, quien busca en Agile una fórmula para desarrollar rápido debe mirar  en otro sitio. Ahora bien, que en Agile las fechas no sean el objetivo es compatible con el hecho de que no las ignoramos, ¡el mundo tiene fechas y debemos usarlas para crear valor!

Por tanto, las fechas que tengamos tendrán que estar muy justificadas y, en ese caso, no asociar un alcance cerrado a la fecha. Aun así, por mucha fecha con la que trabajemos, debemos interiorizar muy bien que el objetivo real es la entrega de valor. 

Gestión de Riesgos y Scrum

Me preguntaba hace poco una persona sí Scrum, de alguna manera, ignoraba la gestión de riesgos tradicional que propone el PMI (Project Management Institute). La gestión de riesgos busca que, como jefes de proyectos, nos adelantemos a situaciones que se pueden presentar. Para ello, construimos planes de actuación para que, en caso de que un riesgo se dispare, tengamos preparada nuestra respuesta natural. La gestión de riesgos bien hecha marca una diferencia vital entre un jefe de proyectos profesional de un “apagafuegos”. 

Sin embargo, tanto en Scrum como en Agile la gestión de riesgos no se menciona. El motivo es simple de entender: Scrum trabaja con problemas complejos, es decir, problemas cuya solución no es trivial, existe un conjunto de elementos indeterminados muy grande. 

Al haber una gran incertidumbre, tratar de pensar todo aquello que nos podría llegar a ocurrir se haría muy pesado y de dudoso valor: ¡el plan de actuación sería muy grande! Por tanto, cambiamos de estrategia. En vez de ser predictivos nos ponemos la gorra de adaptativos, de manera que nuestro plan es menos relevante y nuestra capacidad de actuar frente a lo que ocurre gana enteros. 

Y si lo interiorizamos, Scrum es pura gestión de riesgos, por su manera de funcionar adaptativa. Ahora bien, tenemos que tener foco y estrategia a largo plazo, para evitar ser unos “apagafuegos”. 

¿Cuál es el mayor riesgo al que nos enfrentamos en un equipo Scrum? Que nuestro producto no lo quiera nadie, que no resuelva problemas o que no aporte valor. ¡Aquí está la verdadera gestión de riesgos de Scrum! 

La era del valor

Desde hace muchos años, las empresas se han organizado por departamentos con misiones diferentes que se unían a través de la Dirección de la compañía. De esta manera, existía una dicotomía entre el departamento Comercial/Negocio/Ventas y los departamentos que realizaban el trabajo. Necesitábamos pedidos, vender, nuevos proyectos y, después, buscar fórmulas de trabajo optimizadas que nos permitieran entregar dichos pedidos. 

En cierta manera, este modelo ha funcionado muy bien durante más de 150 años. Sin embargo, a medida que la era del conocimiento ha ganado enteros en nuestra sociedad, hemos visto como nuestros modelos tradicionales de trabajo se caían. Inicialmente, pensábamos que el problema era la técnica y el management, y tratábamos de buscar nuevas formas que incrementaran nuestra productividad, liderazgo y maneras de trabajo. 

El problema radica en que el modelo de trabajo departamental caducó hace muchos años. La idea “feliz” de que los departamentos colaborarán para el bien común genera numerosos problemas, cuando tenemos muchos con objetivos diferentes (a veces yuxtapuestos). Por tanto, necesitamos dar paso a nuevos modelos organizativos que busquen lo que realmente es importante: generar valor. 

¡Cuidado! En el modelo tradicional por departamentos se buscaba valor, pero sólo en el área de ventas, el resto de áreas esperaban recibir trabajo para ejecutarlo de manera eficiente sin mirar sus resultados reales (ese trabajo era del área de ventas/comercial). Con un modelo basado en equipos que entreguen valor (Value Delivery Teams), todo cambia, el foco de nuestro trabajo es ese: el valor generado. 

Dejemos de medir tareas y empecemos a medir resultados

Trabajar por objetivos no es nuevo, desde hace muchos años ha sido demandado por muchas personas. El problema real no es trabajar por objetivos, sino disponer de objetivos de negocio y de valor que realmente aporten a la compañía. De esta manera, podemos tener equipos, que entreguen valor, compuestos por todas las personas necesarias para que dicho valor se materialice. 

Al tener equipos capaces de generar valor por sí solos, desde la venta hasta la ejecución  pasando por recursos humanos, financieros o legales, mejoramos nuestra comunicación al estar todos juntos con el mismo problema que resolver. 

Cuando empezamos a centrarnos en resultados, medir tareas es un acto secundario y, a veces, inútil. Podremos trabajar muy duro y sacar mucho trabajo adelante pero, si no da resultados, no habremos hecho un buen trabajo. Cada vez que lanzamos un producto que no genera valor, estamos desperdiciando dinero y tiempo. 

Por muy duro que parezca, si las empresas no interiorizan esta filosofía, difícilmente podrán competir en el mundo digital donde, cuando somos consumidores, solo nos interesa el valor aportado de las apps o de las webs que visitamos y utilizamos. 

Y tus productos, ¿irán a la basura? 

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