Agile, Organizaciones Diferentes

¿Cómo conseguir que tu equipo sea Autogestionado?

Contaba Viktor Frankl en su obra El hombre en busca del sentido que la cara oscura del ser humano era la libertad y que la cara positiva era la responsabilidad. Ambas debían ser una misma moneda: libertad sin responsabilidad no podían convivir y, al igual que en Estados Unidos existe la estatua de la Libertad en la costa Este, debía existir la estatua de la Responsabilidad en la costa Oeste. 

La fórmula para una cultura sana, que habilite equipos con foco en resultados, es un equilibrio entre ambas. En NeuronForest, donde actualmente trabajo, quisimos añadir una tercera variable esencial: la transparencia. La transparencia permite a las personas con libertad de decisión entender bien el problema. Si puedo tomar la decisión, pero no entiendo la situación, difícilmente tomaré buenas decisiones ni comprenderé el resultado real de mi decisión. 

Libertad, Vida y Consciencia

Uno de los vídeos más alucinantes que podéis ver es el de Fred Kofman sobre vida, libertad y consciencia. En esa ponencia, Kofman hablaba de que hay dos tipos de personas: tigres y ovejas. Las ovejas son personas pusilánimes (sin alma), que necesitan que alguien las pastoree y las guíe en la vida. Lo máximo que hace una oveja es valar, es decir, quejarse, sin asumir el control sobre su vida. Los tigres, por el contrario, son personas que asumen su vida desde la libertad y la responsabilidad. Ante una situación que no les gusta, su reacción es actuar y no quejarse. 

Por ejemplo, imaginemos que estamos en una empresa y consideramos que nos merecemos una subida salarial, sin embargo, la empresa nos lo deniega. Una oveja se quejará por la situación, es una injusticia, pero no hará mucho más. Un tigre actuará, hablará con la empresa y, si no consigue la subida, tendrá dos opciones: seguir trabajando o irse. Ahora bien, quejarse no es una opción válida cuando eres libre para decidir ¿Para qué te quejas si puedes tomar tu propia decisión? 

¿Nacemos ovejas o tigres?

Uno de los grandes errores que cometemos cuando trabajamos con equipos es pensar que las personas son de una determinada manera: 

  • Mi compañero es torpe
  • Mi jefe es muy duro
  • Mi cliente es muy cambiante

Realmente las personas no “son”, sino que actúan en función de lo que ocurre en su contexto. Una persona puede parecer timorata o poco participativa y, por las tardes, ser una persona muy resolutiva en su casa o con sus amigos. Las personas no tienen espacio para poder tomar sus propias decisiones, por lo que, muchas veces actúan como ovejas necesitadas de un pastor que las guíe. 

Libertad, Responsabilidad y Transparencia

Estas tres variables deben estar equilibradas. En un entorno complejo, no podemos predecir, y eso significa que debemos eliminar todo aquello que nos impida correr. Dando libertad a las personas, podemos dejarlas trabajar para que creen los mejores productos o ejecuten los mejores servicios. La libertad nos permite a las personas tomar decisiones y esto mejora nuestra capacidad de respuesta. A todo esto sumamos la inteligencia colectiva: cuantas más personas puedan decidir, mejores decisiones podremos encontrar, sobre todo, en mundos donde las soluciones no son evidentes. 

Por otra parte, la libertad sin responsabilidad es libertinaje (aunque tengamos transparencia). Si somos libres para tomar decisiones, pero estas no nos afectan entonces es probable que tomemos malas decisiones. Es importante que nos importe el resultado de lo que hacemos. De ahí, que la responsabilidad debe ser parte de la fórmula, sin ella, la libertad falla. Cuando hablamos de que un equipo decida sus vacaciones, su horario o desde dónde trabajar, no estamos hablando de derechos laborales, sino que estamos hablando de tener libertad para trabajar como queramos mientras demos resultados. 

Sin embargo, la libertad y la responsabilidad están “cojos” si no tenemos la transparencia presente. La transparencia es clave para poder tomar decisiones, sin ella, no sabremos que estamos inspeccionando y no podremos tomar la mejor decisión posible. En muchas empresas, la transparencia ha sido un arma poderosa para mantenerse en el “poder”, lo que ha afectado a las empresas. 

Por último, la transparencia ayuda siempre que tengamos libertad. Sin libertad para tomar decisiones, nos frustramos al ser conscientes de la realidad de nuestra organización y de que no nos dejan actuar. La transparencia se puede practicar siempre que los equipos tengan autonomía suficiente para actuar. 

Cuando las tres variables están equilibradas y se potencian, conseguimos organizaciones más sanas, con mayor capacidad de adaptación y supervivencia. Porque cuando las personas son responsables, tienen libertad para tomar decisiones y la información fluye, toda la energía se centra en nuestros clientes y nuestro negocio. En ese momento, toda la burocracia y el control que nos frena en las empresas pasa a ser desperdicio. 

Y tú, ¿tienes las tres variables en tu empresa? 

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