thinking

¿Cómo te definirías a ti mismo?

Quienes me conocen saben que el 2018 fue un año complicado en cuanto a lo laboral: varias empresas, desengaños, errores, etc. Hace unos meses, me reuní con una buena amiga que quería hablar seriamente conmigo. Tras una charla sincera, me hizo recapacitar sobre mis actitudes porque consideraba que estaba tomando malas decisiones y me aconsejó lo siguiente “Javi, encuéntrate a ti mismo”.

No es fácil reconocer que hay momentos y facetas de tu vida en los que estás perdido, pero una vez aceptado, empecé a trabajar en ello; en segundo plano (no es algo que se pueda hacer rápido). Recordé que muchos agilistas, como Lyssa Adkins, recomiendan tener control sobre tus emociones y, para ello, te enseñan test de autoevaluación y otras técnicas. Es importante dominar tus emociones porque eso te permite ayudar a los demás. En momentos emocionalmente difíciles, aparece realmente la persona que somos. Las emociones marcan nuestro comportamiento.

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Pero, ¿cómo nos definimos? Si nos vamos a los extremos podemos tomar dos caminos. Por un lado, podemos pensar que “somos la leche” y que todo lo hacemos genial. Los momentos de bajón emocional, en los que las cosas nos salen mal, tener esta actitud nos puede ayudar a pensar que a veces hacemos las cosas bien. Pero, si lo hacemos de manera continuada, nos puede llevar a la autocomplacencia, a la equivocación y a no ser capaces de ver errores. Al crearnos una burbuja de felicidad en la que nos encontramos bien (normalmente, se piensa que los demás están equivocados) podemos no romper con esta falsedad a tiempo. 

El caso opuesto es ser demasiado autoexigente, pensar que somos un desastre en todo y fustigarnos constantemente con la idea de que somos malos. Evidentemente, eso nos baja rápido de la nube pero nos puede llevar a una espiral negativa que afecte a nuestra parte emocional. Eso no ayuda. Generalmente, las personas somos una mezcla de ambas cosas, a veces acertamos, a veces nos equivocamos y, como diría mi compañero Santi Sambucety “solo nosotros sabemos si es el ego quien controla nuestras emociones”. 

Hay una técnica que recomiendan algunos coaches expertos sobre el dilema de saber quiénes somos. ¡Pregúntale a un amigo! Las personas que nos rodean nos pueden ayudar a definirnos porque ven nuestros comportamientos y pueden guiarnos. Sin embargo, hay que tener cuidado porque las personas ven lo que hacemos, pero no siempre conocen nuestras motivaciones, nuestros valores, nuestros miedos: los llevamos dentro y no siempre los dejamos aflorar y, por tanto, no los pueden conocer. Esto explica que a veces vemos errores en los demás, que cuando los cometemos nosotros, somos menos críticos (nosotros sabemos porqué tomamos esa decisión torpe)

Quería compartir una  anécdota personal que para mí es importante. Hace unos meses salí de un trabajo y mis excompañeros me hicieron un regalo en el que escribieron pequeñas dedicatorias. Es cierto que todo ese feedback buscaba más el positivismo, pero también había consejos y había algo mucho más importante que todo eso. 

 

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Muchos de ellos quisieron volcar ahí su opinión sobre lo que veían de mí, de alguna manera, querían transmitir la parte de mí que quizás se me estaba olvidando y que me estaba llevando a tomar malas decisiones. Al no ver un cambio, por eso me llamó mi amiga. 

Como estoy convencido de la importancia de escuchar, quiero recomendaros que pidáis feedback sincero a quienes os rodean y que lo guardéis. Cada cierto tiempo revisarlo, releerlo y tratar de averiguar el porqué de esas palabras ¿Qué ve esa persona de mí que yo no veo? Si no controlamos nuestras emociones y el ego, difícilmente vamos a poder ayudar a otras personas a cambiar y la transformación (digital, agile, cultural…) si de algo trata, es de personas. 

Por último, hay otra tema que quería recomendar por su importancia. Como hemos visto,  tener control sobre nosotros es vital pero también es importante saber a dónde vamos. Nuestra compañera Esther Estévez lo explicó muy bien en su charla de la CAS (que os animo a ver) en la que habla de cómo proyectarnos en el futuro. Para conseguir nuestra proyección de futuro, ¿os imagináis la cantidad de acciones que tendríamos que empezar a tomar ya para que ese futuro pueda ocurrir? Esto se llama pensamiento del granjero, poner foco en el día presente pero con mirada a dentro de 5 años. En este artículo, Esther nos da algunas pistas de lo que trató en su charla. 

Y vosotros, ¿cómo os encontraréis a vosotros mismos para veros en un futuro mejor? 

 

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