agile, Organizaciones Diferentes, scrum

Hacer Scrum es muy difícil, decir que lo haces es muy fácil

¿Recordáis al humorista Eugenio? Un tipo con semblante serio, un cigarro y que contaba chistes con un tono de oscurantismo. Él contaba un chiste que decía:  

“Un señor mayor que va a la consulta del urólogo y mantiene la siguiente conversación:

  • Buenas, venía porque tengo ya 75 años y con mi mujer la cosa ya no funciona… quería que me recetara Viagra.
  • Señor, usted ya tiene una edad, no sería recomendable que tomara nada.
  • Es que en el hogar del jubilado tengo un amigo mayor que yo que dice que la toma y que aguanta toda la noche con su mujer
  • ¡Pues dígalo usted también!

Este pequeño chiste me recuerda mucho a la situación actual con Scrum. Existen muchas empresas que dicen que lo hacen, pero que realmente no lo hacen, y de hecho no son ni Agile internamente, y realizan proyectos tradicionales por encima de productos. El motivo es sencillo, está de moda y nos subimos todos al carro (unos antes y otros después). Es verdad que, y me incluyo, todos nos hemos subido algún carro alguna vez. El problema del carro Scrum aparece cuando una persona con más experiencia te explica bien lo que es Scrum, y entonces descubres porqué es tan difícil. Ante esto puedes abrir los ojos y tratar de superarte y hacerlo (he visto muchos equipos conseguirlo), o puedes renegar y “crearte tu propio Scrum”.

En muchas organizaciones la estrategia que se sigue es: tomar parte de Scrum, generalmente la más fácil, decir que se hace Scrum en eventos, web, blog, rrss, banners y si hace falta carteles en las carreteras. Después, cuando alguien aparece y les dice que no lo hacen las respuestas son: “no seas talibán”, “para mí Scrum consiste en adaptarse y no en seguir una guía”, “no entiendes lo que es Agile”, “no entiendes lo que el cliente necesita”… . Y las más avispadas  hasta crean su propia guía y su propio conjunto de certificaciones y tratan de convencerte de que su “Scrum” es el bueno.

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Como anécdota, la primera vez que me llamaron talibán fue por decirle al Product Owner “tienes que explicarle al Development Team las funcionalidades en la Sprint Planning”. Así que, imaginad lo que ha pasado cuando les he explicado que Scrum no está pensado para hacer proyectos.

Scrum es un camino, no es el fín de ninguna organización, lo que buscamos es entregar valor, hacer software con sentido y que haya poco desperdicio. Esa es la clave, no hacer Scrum por hacerlo, eso nunca es un fin. Sin embargo, Scrum cuesta mucho, propone roles nuevos que no existen en las organizacione, habla de hacer menos estimaciones y trabajar con la experiencia, equipos autoorganizados, romper los silos en equipos multifuncionales… Todo esto suena contrario a lo que se ha hecho siempre y eso nos hace generar ruido y cambiar. Los cambios generan ansiedad y miedo en las personas y en consecuencia la resistencia al cambio.

Sin embargo, el cambio está ahí. Las organizaciones están hartas del modelo tradicional, solo les da quebraderos de cabeza: plazos incumplidos, muchos bugs, usuarios insatisfechos y software que se tira a la basura sin nunca ver la luz. Aún así sigue habiendo una resistencia a querer cambiar, muchas personas aceptan que “el software es así”.

Todo esto nos lleva a no poder hacer Scrum, pero sí que nos interese decirlo, por eso hacemos un pseudoScrum, Scrumban, Scrum-but… y lo anunciamos a bombo y platillo. Hay organizaciones que, para más inri, dan lecciones de agilismo a otras cuando dentro saben que no funcionan así. Esto está pasando, y el daño que puede hacer es grande porque ya hay compañías que reniegan de Scrum, “lo han experimentado” y según ellos “no les funciona”.

Vamos a ver las ventajas que tiene no hacer Scrum y ser honesto para admitirlo. En varias organizaciones en las que he estado siempre hemos creado algún tipo de medidor de Scrum para saber el estado actual y su evolución. En una de estas empresas incluso creamos una especie de clasificación y ubicamos a los equipos en varios niveles, siendo el nivel más alto Scrum y el resto variantes que aún no habían conseguido implantarlo. Una vez pusimos a funcionar el medidor había varios equipos en el nivel bajo y un compañero me dijo “¡esto es lo mejor, estos equipos son los que más pueden mejorar!”. Esa frase me encantó, porque tenía razón, si Scrum va de mejora contínua los equipos que empiezan bajo tienen mucho camino por recorrer, por madurar y por crecer. ¡Y vaya si algunos lo han hecho!.

Una vez estaba dando un curso de Scrum y explicaba que no se podía modificar. Hay personas que ante esto tratan de buscar el límite “¿Si la Daily Scrum dura 16 minutos entonces no hacemos Scrum?”. Bueno quitando los ejemplos buscando límites, tu sabes si haces Scrum en función de si sigues o no las reglas, y, más importante, si entregas o no valor en periodos cortos y recibes feedback del mercado. En esta formación me preguntó un compañero “¿Cuántas reglas puedo violar para ya no ser Scrum?”. Realmente no hay una norma, lo importante es que, cuando rompes una de esas reglas, lo que haces ya no es Scrum y esto implica una deficiencia bien sea en el equipo o en la organización. Por ejemplo, si vemos a un Scrum Master escribiendo los elementos del Product Backlog porque el “Product Owner no tiene tiempo”, podemos investigar y descubrir que el Product Owner es una persona que gestiona un departamento de 100 personas y no tiene ni tendrá tiempo. ¿Es el mejor Product Owner o debemos buscar otro?.

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Por eso, es importante ser honestos cuando estamos implantando Scrum pero aún no lo hacemos al 100%. Esto nos permite analizar nuestros errores y encontrar puntos de mejora. Y si por más que tratamos de hacer Scrum nuestra organización no lo permite o por el contexto no lo conseguimos, interioricemos esta frase “No pasa nada”. Durante mucho tiempo sufría cuando un equipo no hacía Scrum, sentía el fracaso a pesar de que muchas veces no era ni parte de ese equipo. Hay que aprender que, a veces, no se puede. El mercado español está verde y no siempre se puede. Lo importante, asumir que no lo hacemos, coger de Scrum lo que podamos hacer, trabajar de la mejor manera posible y que las personas estén bien, eso sí, deberíamos ser honestos y reconocer que no lo hacemos.

El resultado de esta falta de honestidad se ve con las personas. En una entrevista prometes que harán Scrum (porque los profesionales buscan sitios donde se haga ya que escasean) y luego ven la realidad de que no se hace. El talento huye y tu imagen cae. Otro problema son los clientes, les prometes mejores resultados y acaban por ver los mismos problemas que tuvieron en el pasado, eso sí, con muchos postits de colores.

La ventaja de ser autocrítico es que ganas una oportunidad de crecer. Piensa siempre en grande (que ya es el lema de varias organizaciones) y llegarás lejos. Puede que no seas el más Scrum pero seguro que darás pasos que te llevarán lejos. Cada paso importa y mentirte solo hará que te relajes en un mundo de constante cambio y competitividad.

Este ese mi consejo, no es cuestión de hacer o no hacer Scrum, no trates de discutir sobre cómo modificar Scrum (si lo cambias no será Scrum) para decir que lo haces cuando no sea verdad. En vez de eso haz lo que puedas y sé honesto, no eres peor profesional por no conseguirlo. Scrum va de personas y no podemos conseguir que las personas trabajen como queremos si ellas no quieren, lo podemos intentar pero no podemos sufrir por ello. Inspeccionar, adaptar y aprender, no nos queda otra.

 

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